Saturday, April 02, 2011

Estrella de la mañana


Decidme Cielos, ¿por qué?

Al hombre tantos poderes, al ángel tantos desprecios.

Decidme Cielos, ¿quién es el hombre

para que Dios con tanto extremo de amor del hombre siempre se acuerde?

¿Por qué por el hombre padece? ¿Por qué por el ángel no?

¿Cómo por el hombre muere? ¿Cómo por el ángel no?

Decidme cielos, ¿por qué?

Cielos, respondedme a eso.

Infierno soy

rayos respiro

fuego bebo

llamas alimento.

Príncipe de las Tinieblas me llaman,

Gracia y belleza perdí

permito arder a ciencia.

Yo declaro desde aquí

contra Dios y el hombre guerra.

Y puesto que Dios morir no puede,

viva Dios y el hombre muera.


Saturday, March 26, 2011

Si de mí dependiera, te haría la persona más feliz del mundo.

No es una promesa. Es un deseo.

Porque no puedo hacer promesas. No puedo ver más allá de ahora mismo.

Pero no depende de mí. Esa es la gracia. Así es como debe de ser. Me gusta que sea así.

Me gusta no saber qué pasará la próxima vez que nos veamos, si habrá algún día en que las cosas se tuerzan o se coloquen en su lugar. Solo sé quedarme mirando a la nada. Sonriendo, a veces triste. Pero no depende de mí.

Ojalá pudieras hacer algo al respecto. Pero no depende de mí. Depende de ti. Pero tampoco depende de ti.

Supongo que ahí está la gracia. Que depende de los dos. Y ninguno de los dos hará nada, ¿verdad? Seguiremos como estamos, mirando a la nada. Sonriendo, a veces tristes. Mirando a la nada.

Tuesday, March 15, 2011

Amazing Grace




Esta noche he tenido un sueño. Uno de esos sueños hiperrealista en el que ni te planteas por un segundo que sea un sueño, en el que sientes claramente que es real porque, ¿cómo no va a serlo? Vives vidas enteras, pasan los días a tiempo real, las horas fluyen... todo normal. Hasta que no te despiertas ni sospechas que pueda tratarse de un sueño.

¿Y cómo describes la sensación que tienes cuando sabes que es tu último día? Ni siquiera recuerdo cómo me enteré en el sueño, si me lo dijo un médico o si sencillamente lo supe, pero supe que solo me quedaba un día de vida. Recuerdo lo que fue ver mi último atardecer. Especialmente saber que sería el último.

No tenía miedo. En parte estaba en paz conmigo mismo, no tenía miedo a morir. Pero aún así tenía miedo. Tenía miedo de no poder decir todo lo que quería decirle al mundo. Había tantas personas con las que quería hablar, y tanto que decirle a cada una.
Tenerlo todo preparado y bien atado antes de marcharme. Las últimas palabras.

No logré dejar en herencia todo lo que quise. No di todos los abrazos que me hubieran gustado. En momentos así, ¿hay algo lo bastante bueno para ser lo último? ¿Hay algo que esté a la altura? ¿Estás tú mismo a la altura de los acontecimientos, listo para mirar a alguien a la cara y darle el último abrazo de despedida? ¿Listo para no llorar y ser firme? Es difícil. Al mismo tiempo todo lo que no tiene importancia desaparece de tu cabeza. Aprendes a que te de igual. En cierto modo, esperas que tus últimos momentos sean sonriendo, de esa manera tan natural e inocente que no necesita ningún motivo.

Curiosamente, me planteé venir a este blog para escribir una entra
da que se llamase "El último post" o "La despedida" o algo así, algo para que esta parte de mi vida quedase cerrada.

Cogí el teléfono para hacer una última llamada. Era algo que sabía que tenía que decir antes de morir, tenía que hablar con esa persona. Tenía que decirlo. El teléfono ocultó la pantalla, no podía ver nombres ni números. Tras mucho esfuerzo conseguí llamar al fijo, pero no había forma de contactar. Dicho aquí no suena a gran cosa, pero en el sueño fue como si el mundo conspirase para que no lograse hacer esa llamada. Pero finalmente logré llamar al móvil. Y contestó. Y cuando me dispuse a soltarlo por fin, me desperté.

Supe que era un sueño, supe que no me estaba muriendo. Supe que si fuese así, tendría mucho que decir a muchas personas. Y no sé si un día sería suficiente.

Pero por si este es el último post que logro escribir, os quiero.


Sunday, March 13, 2011

Una bolsa de plástico


Echo de menos una bolsa de plástico. Echo de menos esa parte de mí que ha quedado atrás, esa parte que andaba por la calle y se quedaba mirando a la nada. Quizás han ido acumulándose cosas, pero no sé... Antes había algo más.

Antes pensaba sobre muchas cosas, y ninguna de ellas tenía la más mínima importancia. Pero todas juntas eran como un corazón latiendo, al ritmo del viento. Todo tenía belleza a su manera. El cielo y las nubes grises, el olor de la lluvia y el frío. Antes el frío no era frío. Era cálido. Contemplaba el cielo y sentía que era como mirar al mar. Como mirarme a mí mismo, reflejado.

Paseaba por Sevilla sin ninguna razón. Cogía el autobús, absorto completamente. Después comenzaba a caminar. Me paraba en la Plaza Nueva. Me paraba en las calles. La gente pasaba de largo y nadie tenía nombre. Nadie necesitaba nada. Nadie tenía una historia. Todas las historias se hacían una porque ninguna tenía una historia. Ninguna contaba nada. Todas sonaban al unísono, junto al viento. Y yo estaba solo, sin más preocupación. No había nada que me levantara del suelo. No había nada que me atara al suelo. Sólo caminaba. Contaba historias en mi cabeza, pero ninguna tenía palabras.

Echo de menos pararme a contemplar el mundo. Había algo más, más allá de los ojos. Escuchaba y entendía. Contemplaba. Comprendía. Olvidaba. Recordaba. Sentía. Lo más bonito de todo es que no hay recuerdos concretos. Todo son imágenes en mi cabeza. Un cielo gris y un viento frío.
Echo de menos no tener que recordarlo. Lo que es estar parado junto al mundo. Todo girando y girando. Sonriendo. Comprendiendo. Hablándole. Hablándole a Dios. Hablándole a la Nada.

Las campanas en mi cabeza. Los violines. El piano. La música. La letra. La canción. La belleza. La vida. La sonrisa. La Esperanza. La seguridad. Estoy tranquilo. La vida sigue. Y ahora mismo estoy sonriendo, mientras escribo esto porque es como si algo dentro de mí me hubiese agarrado la mano, el corazón, y me hubiese dado un abrazo para decirme la belleza sigue. La belleza no se marchita. Dios sigue hablando. El viento sigue soplando. El gris continúa en el cielo. El sol sale y tú comprendes que mañana seguirás. Ahora estoy triste y preocupado. Dios sigue hablando, pero nadie escucha. No escucho. No hablo. No hay nada. No hay momentos para esto. Todo se congela. Oculto y escondido. Las palabras fluyen. Hablo con nadie. Hay silencio. Y hay música.

Monday, March 07, 2011

Mis tesoros



Bueno, ¿cuántas frases típicas hemos oído y hemos dicho, sin pararnos a pensar en si nos las tragamos? Hoy voy con una clásica: La intención es lo que cuenta.
Esa frase se oye mucho, entre otras cosas, con los regalos. Que no importa el dinero que inviertas, o si has acertado o no. Que lo que cuenta es el amor que le has puesto, las ganas de ver contenta a la otra persona.

Otras muchas veces solo es una excusa. ¿Recuerdas acaso la última vez que esa frase tuvo sentido para ti?

En mi último día de prácticas empecé la primera hora con una clase de 2º. Y se me acercó una niña con una tarjeta, para después decirme "He estado casi toda la noche coloreando". Cuando crees que semejante gesto no puede dejarte el corazón más vulnerable, otra niña, al ver que recibía un regalo, va corriendo a su mochila y decide improvisar el suyo; algo que sé que es muy valioso para ellos: una colección de gomillas. Gomillas de esas que tienen formas (de estrella, de animalitos, etc). Y me las entrega. No sé si fue el gesto o la cara de ilusión que tenía cuando me las dio. Pero fuese lo que fuese, esas gomillas dejaron de ser simples gomillas.

No solo estaba emocionado por los gestos. Estaba emocionado porque un profesor de especialidad (música en mi caso) nunca recibe semejantes detalles. Estas cosas suelen quedar reservadas a los tutores en prácticas, que se pasan un mes con una misma clase. Así que, sintiéndome muy afortunado seguí con mi mañana. Me quedé un rato en el recreo en una clase de 5º porque no habían terminado el examen, y entonces apareció un pequeño grupo de una clase de 3º. Después me comunicaron otros profesores que me habían estado buscando todo el recreo. Todo para entregarme una nota firmada por toda su clase deseándome suerte y con un detalle extra que les había enseñado solo unos días antes (leer una frase de Muchachada Nui en una tarjeta de despedida infantil, sencillamente, no tiene precio).

Y cuando estoy disfrutando de mi último recreo (o bueno, de sus últimos 10 minutos) una alumna me entrega una última carta con una única frase.

Todos esos regalos no suman más que un puñado de céntimos en valor de dinero. Pero los tengo ahí, guardados. Como si fuesen tesoros. Bueno, sin el como. Mis pequeños tesoros. Con más valor que todas las riquezas del mundo.

Claro que estos son los tesoros que puedo guardar en una caja. Los materiales. Porque tengo otros que son mucho, mucho más valiosos. Y es que Jesús suele acertar tras tantos años de enseñanza: "Esta es tu recompensa tras el duro trabajo: El cariño de los niños".
Lo que cuenta es la intención, dicen. Desde entregar una colección de gomillas hasta despedirse con la mano a lo lejos.

Desde las miradas extrañadas del primer día hasta las lágrimas del último. Todos vosotros, y todo lo que me llevo vuestro, son mis tesoros. Gracias, pequeñines.



La enseñanza engancha porque no se halla ni premio ni recompensa inmediata. Porque uno cree que está ayudando a otros a que encuentren su camino, a que elijan lo que les gusta y lo que no; a que se conozcan mejor y a través de ti conozcan otros mundos, otras maneras de ver la vida o de expresarse ellos mismos; a que sean libres y a que vengan de donde vengan puedan ser lo que quieran. No puede uno pararse a pensar en que crecerán.

- Margarita

Friday, February 25, 2011

Y con 5


La Mano del Alquimista ha llegado hasta aquí. Ha cumplido 5 años. 5 años escribiendo. Increíble, para mí por lo menos.

De hecho sería más increíble si hubiese mirado bien la fecha, porque estaba convencido que empecé a escribir un 25 de febrero, cuando el primer post fue el 9 de febrero de 2006. Sí, llego un poco tarde, pero eso no es lo importante. ¿Qué es lo importante ahora?

Creyendo que era el 5º aniversario, me puse a hacer un repaso general desde febrero de 2006 hasta ahora. Y fue indescriptible.

Empecé todo esto con 16 años. Para mí hace toda una vida de eso. ¿Hasta qué punto? Te invito a que cojas un post al azar de 2006, de 2007 o de 2008.

Porque solo hay una cosa que me ha dado más escalofrío que el ver todas las cosas en las que he cambiado, y es el ver todas las cosas en las que no me he movido un ápice. Están ahí, algunas más ocultas que otras, pero siguen en alguna parte, esperando su momento para salir con la canción apropiada en el momento justo.

Desde luego, entre las cosas que mantengo no puedo mencionar la constancia de escribir. Brillo por mi pasotismo. Antes este blog tenía como objetivo ser un lugar donde escribir lo que se me pasase por la cabeza, dando igual el qué. Ahora no escribo a no ser que sienta que tengo algo realmente grande que decir... para luego escribir una chorrada.

Pretendía hacer un extenso análisis uno a uno de los post más importantes para ver cómo era y cómo he evolucionado. Pero, ¿a quién le importa realmente? Vamos a lo importante: Creía que no, pero he aguantado 5 años escribiendo aquí. Y en un post realmente antiguo, de los que he releído, he encontrado algo que me ha helado la sangre. No voy a decir qué es, porque entonces no sería divertido. ¿Te ves capaz de encontrarlo? No creo que tengas la paciencia para ello. De hecho, duda que tengas siquiera las ganas. Pero cuando lo leí pensé que no podía ser, que en aquella época ya había pronunciado en una frase tan simple semejante profecía que a día de hoy es un martillo de fuego en mi cabeza y en mi pecho.

Porque hay cosas que sencillamente no quieren dejar de sorprendernos. Y la primera de todas es la vida.

Un brindis por La Mano del Alquimista. Fiel compañera, humilde amiga. Pasa desapercibida, pero siempre está ahí.

Por cierto, si esto sigue existiendo dentro de 5 años, tengo un mensaje para Lino de 26:

No te rindas. Si ya te has rendido, tranquilo. Ahora es el momento de retomarlo.

Pero si ya lo has conseguido, enhorabuena. Lo hiciste. Y me siento orgulloso.

Thursday, February 10, 2011

AO



Siéntate un segundo, que quiero hablar contigo. Tranquilo, relájate. Respira hondo. Piensa bien en lo que has hecho. ¿Lo ves? Puedes verlo, ¿verdad? ¿Oyes la noche? Llama. No está aquí, está lejos, muy lejos. No es un lugar, no es un momento. No se sostiene al tiempo ni al espacio. Es de noche, las estrellas brillan y los edificios se alzan. La música rompe tus oídos. El corazón se rompe y explota en mil pedazos, se expande y se expande y se expande. Lo puedes ver todo al mismo tiempo.
Las estrellas, los edificios y la música. El viento, el frío y el calor al mismo tiempo. La manga corta. Y la noche.
La música.
Todo el mundo, libre.
La ciudad no duerme.
Y todo el mundo te da igual.
Solo está ella. De pie y esperando.

Y tú eres tan imbécil que no sales a buscarla. No hay noche, no hay estrellas. No hay ciudad, ni hay baile, ni manga corta.

Pero hay música, ¿no? Pues sé que te duele. Pero tarde o temprano tendrás que admitirlo. Tarde o temprano tendrás que admitir que solo la música no será suficiente.